Anoche, en el Plegadero de Erla (a veces el invierno es tan extraño), revolaba
una mariposa de tres colores(Juan Ramón Jiménez, muerte de Platero).
Ha muerto Julián, mi amigo el filósofo. También era el cura del pueblo.
He recreado, durante todo el día (alguna lágrima he limpiado de mis mejillas), los
inmensos recuerdos que de él tengo.
Disfrutábamos, como si fuésemos, él maestro y yo alumno de bachillerato, de
conversaciones profundas sobre la metafísica y la ética de Spinoza, dudanto
ambos de la existencia de Dios, sobre el monismo que nos daba la razón a ambos.
San Agustín, Santo Tomás, Kant, Descartes y Sócrates eran temas frecuentes en
nuestras tertulias que nunca olvidaré.
Hombre progresista y buen amigo, descansa en paz ahora que has aclarado tus
dudas y estás en el universo formando parte de todo, enriqueciendo con tu mente
prodigiosa esa energía inagotable que es Dios.
Siento que no te has ido del todo, que estás ahí. Todavía estás en mi mente.
José Arcadio (31-12-2011)
Macondo
Lugar de encuentro para los vecinos de Erla (Zaragoza),visitantes, nostálgicos y todo el mundo que quiera compartir experiencias sobre nuestro pueblo.
sábado, 31 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
martes, 13 de diciembre de 2011
CIRILO
Nexo entre las precarias pasarelas de moda de la época y el pueblo, Cirilo
recorrió miles de kilómetros visitando villas y pueblos de la comarca, entre
ellos, Erla.
Confeccionó ajuares de novias, vistió trabajadores del campo, inundó de
camisetas, calzoncillos, bragas y pantalones cada casa.
Él conocía a cada mujer y todas las mujeres de este pueblo lo conocían y
esperaban el día en que, sobretodo en primavera y verano, recorría las calles con
sus paquetes y fardos de ropa debajo del brazo.
Aquellas amas de casa no necesitaban de la tarjeta de compra de El Corte Inglés
para comprar a plazos sin tener que firmar letras o recibos. No había, para
Cirilo, archivos de morosos.
Dejaba la furgoneta encima del Plegadero para, desde ahí, recorrer calle a calle,
casa a casa, todos los rincones de Erla.
Monos de mecánico, vaqueros, americanas, batas y calcetines cubrían las
necesidades de todos los vecinos sin tener que moverse de casa.
Durante muchos años, Cirilo fue, en Erla, un personaje querido y entrañable. Era
un hombre honrado y trabajador que supo ganarse la confianza de todos y
cumplió una función fundamental en aquellos años de tantas carencias
No he podido conseguir ninguna foto de este personaje entrañable, pero en mi
recuerdo está la imagen y la silueta de un hombre que , sin ser erlano, forma
parte de la historia de este pueblo.
jueves, 24 de noviembre de 2011
LA PANADERÍA
Varios años antes de la Guerra Civil, Erla era un pueblo nutrido de habitantes
y con una actividad agrícola y ganadera considerable.
Seguramente que Antonio Martínez tuvo en cuenta estos datos socioeconómicos a la hora de
de montar su propia panadería. No creo que pudiera sospechar que, casi un siglo más tarde,
la cuarta generación siguiera explotando el negocio con éxito y abasteciendo a gran parte de los pueblos de las Cinco Villas Orientales.
Antonio tuvo dos hijos. Lorenzo se independizó y creó su propio negocio en un
pueblo cercano. Mariano continuó la labor de su padre en Erla, conviviendo con
otra panadería que desapareció en los años sesenta.
Luego siguió Carlos, hijo
de Mariano, quien manteniendo
el viejo horno de leña, supo
adaptarse a las necesidades y a
la tecnología y ha asumido
perfectamente las exigencias
de la industria alimentaria de hoy.
Mano a mano con su hijo, también
Carlos, y la ayuda de varios
miembros de la familia, dan servicio
a una parte de la comarca que, debido
a la despoblación, había quedado
aislada y privada de un servicio tan
básico como es el suministro de pan.
No puedo olvidar los años de mi infancia en los que, sobretodo en estas fechas, las mujeres
iban al horno de Martínez para elaborar sus propias tortas de Moño, tortas de anís,
refulláus, tortas de chicharrones, madalenas,mantecados, etc., previendo la Navidad y
aprovechando que se había hecho la matacía.
Hoy la panadería sigue elaborando todos estos productos tradicionales y alguno más,
dando una excelente calidad en una repostería que nos gusta a todos y de la que presumimos
cuando recibimos algún visitante.
Quiero destacar el doblero como un producto exclusivo y delicioso. Es un dulce que acompaña,
desde hace bastantes años, a las fiestas populares de Erla y deja muy buen sabor de boca
a vecinos y visitantes.
y con una actividad agrícola y ganadera considerable.
Seguramente que Antonio Martínez tuvo en cuenta estos datos socioeconómicos a la hora de
de montar su propia panadería. No creo que pudiera sospechar que, casi un siglo más tarde,
la cuarta generación siguiera explotando el negocio con éxito y abasteciendo a gran parte de los pueblos de las Cinco Villas Orientales.
Antonio tuvo dos hijos. Lorenzo se independizó y creó su propio negocio en un
pueblo cercano. Mariano continuó la labor de su padre en Erla, conviviendo con
otra panadería que desapareció en los años sesenta.
Luego siguió Carlos, hijo
de Mariano, quien manteniendo
el viejo horno de leña, supo
adaptarse a las necesidades y a
la tecnología y ha asumido
perfectamente las exigencias
de la industria alimentaria de hoy.
Mano a mano con su hijo, también
Carlos, y la ayuda de varios
miembros de la familia, dan servicio
a una parte de la comarca que, debido
a la despoblación, había quedado
aislada y privada de un servicio tan
básico como es el suministro de pan.
No puedo olvidar los años de mi infancia en los que, sobretodo en estas fechas, las mujeres
iban al horno de Martínez para elaborar sus propias tortas de Moño, tortas de anís,
refulláus, tortas de chicharrones, madalenas,mantecados, etc., previendo la Navidad y
aprovechando que se había hecho la matacía.
Hoy la panadería sigue elaborando todos estos productos tradicionales y alguno más,
dando una excelente calidad en una repostería que nos gusta a todos y de la que presumimos
cuando recibimos algún visitante.
Quiero destacar el doblero como un producto exclusivo y delicioso. Es un dulce que acompaña,
desde hace bastantes años, a las fiestas populares de Erla y deja muy buen sabor de boca
a vecinos y visitantes.
Tampoco olvido la fogaza,
una especialidad de pan de
aceite que en pocos sitios
puede encontrarse fuera de
aquí, ni las migas cortadas
hechas con pan cocido en
leña como el resto.
Merece la pena escaparse un día hasta Erla para probar estos productos de los que,
los que somos de aquí, nos sentimos orgullosos.
sábado, 19 de noviembre de 2011
LA MATACÍA
Desde tiempos inmemoriales, a partir de Todos los Santos hasta la primavera, se
celebraba en todas las casas de Erla la matacía.
Varias horas antes de llegar la luz del día, las hogueras en los corrales anunciaban
la fiesta. Un caldero sobre la lumbre calentaba agua y los miembros de la familia,
acompañados de familiares y amigos preparaban todo lo necesario para lo que ha
sido, durante siglos, una parte muy importante de la economía familiar para el resto
celebraba en todas las casas de Erla la matacía.
Varias horas antes de llegar la luz del día, las hogueras en los corrales anunciaban
la fiesta. Un caldero sobre la lumbre calentaba agua y los miembros de la familia,
acompañados de familiares y amigos preparaban todo lo necesario para lo que ha
sido, durante siglos, una parte muy importante de la economía familiar para el resto
del año.
Cuando el agua del caldero estaba en ebullición, se sacaba
el cerdo de la zolle y el matachín, con la ayuda de un gancho
arrastraba al animal hasta la vacía.
Con la ayuda de varios hombres fuertes que lo sujetaban de
las patas y el rabo, el matachín degollaba al cerdo y la mujer
de la casa recogía y removía con la mano la sangre.
Los que éramos niños, en aquellos tiempos, solíamos colaborar sujetando el rabo.
Disfrutábamos de un espectáculo inolvidable durante la horas previas a la escuela.
Cuando el cerdo estaba muerto, se daba la vuelta a la vacía y se introducía dentro
al animal. El agua caliente del caldero servía para escaldarlo y lavarlo.
Una vez libre de pelo y suciedad, labor que se realizaba con unos cazos apropiados
para ello, el cerdo se colgaba de las patas traseras a una anilla que había clavada en
un madero, con la ayuda de una soga y un balancín.
Cuando el cerdo estaba muerto, se daba la vuelta a la vacía y se introducía dentro
al animal. El agua caliente del caldero servía para escaldarlo y lavarlo.
Una vez libre de pelo y suciedad, labor que se realizaba con unos cazos apropiados
para ello, el cerdo se colgaba de las patas traseras a una anilla que había clavada en
un madero, con la ayuda de una soga y un balancín.
cerdo y extrayendo el hígado, asadura, riñones,
corazón y las mantecas.
Después sacaba la vechiga , que habría de servir
después, para hacer una gran morcilla.
Una vez colgado el cerdo, el matachín se iba a otra casa para hacer lo mismo.
En las brasas se asaban trozos de hígado y chinchorras, con las que todos los
asistentes almorzaban.
Después del almuerzo, las mujeres limpiaban la tripa para poder hacer los
embutidos.
El resto de la mañana, el cerdo se joreaba colgado, a la espera de que, después
de comer, el matachín volvía para partir las diferentes piezas(jamones, paletillas,
espalda, lomos, papadas, cabeza, etc).
Ya por la tarde, las mujeres capolaban la carne para hacer los chorizos y las
longanizas, ponían el lomo y las costillas en conserva de manteca y cocían las
morcillas en el caldero.
El hombre de la casa salaba los jamones , paletillas y papadas para, unas semanas
más tarde, colgarlos.
Era una jornada completa y fascinante donde todos los miembros de la familia
colaboraban de una u otra manera.
Esta tradición se ha ido perdiendo hasta, prácticamente, su desaparición.
Recuerdo con nostalgia grandes matachines en Erla, como Antonio "Dindín",
Marino y José Antonio Lasierra.
También quiero recordar a una gran mondonguera que solía acudir a casi todas
las matacías para ayudar a las mujeres. Era la señora María de Cazo, una gran
profesional en este arte.
Hay pueblos donde todavía se celebra, como fiesta tradicional, la fiesta de la
matacía.
más tarde, colgarlos.
Era una jornada completa y fascinante donde todos los miembros de la familia
colaboraban de una u otra manera.
Esta tradición se ha ido perdiendo hasta, prácticamente, su desaparición.
Recuerdo con nostalgia grandes matachines en Erla, como Antonio "Dindín",
Marino y José Antonio Lasierra.
También quiero recordar a una gran mondonguera que solía acudir a casi todas
las matacías para ayudar a las mujeres. Era la señora María de Cazo, una gran
profesional en este arte.
Hay pueblos donde todavía se celebra, como fiesta tradicional, la fiesta de la
matacía.
domingo, 13 de noviembre de 2011
LA TORRE DEL SEÑORÍO
A pesar de estar adosada a la Iglesia de Santa María la Mayor de Erla, forma parte del patrimonio artístico civil de nuestra villa, ya que es propiedad del Ayuntamiento.
La Torre del Señorío fue construída a mediados del siglo XV por la familia López de Gurrea, de la que fue señorío el pueblo en aquella época, después de haberlo sido de los Condes de Luna.
Este edificio puede considerarse como el prototipo de estas edificaciones en Aragón. Con carácter de residencia del señor del lugar, eran levantadas por los nobles del lugar con la doble función de residencia y punto fuerte en la defensa de sus propiedades, además de puerta de acceso a las mismas.
Está construída en dos plantas. La primera, consta de dos crujías (portales) rematados por bóvedas de crucería, de gran belleza. El primero fue la puerta de acceso al recinto fortificado y, hoy, sigue abierto al tránsito como parte de la calle. El segundo, hoy abierto por la parte interior, se encontró cerrado durante siglos y sirvió de acceso a la planta superior, además de cárcel.
La torre es de planta rectangular de 14 por 7 metros y unos 25 metros de altura.
La planta superior es una gran sala cubierta de dos bóvedas de crucería separadas por un arco fajón apuntado y dos ventanas germinadas con parteluz y tracerías góticas.
La Torre del Señorío fue construída a mediados del siglo XV por la familia López de Gurrea, de la que fue señorío el pueblo en aquella época, después de haberlo sido de los Condes de Luna.
Este edificio puede considerarse como el prototipo de estas edificaciones en Aragón. Con carácter de residencia del señor del lugar, eran levantadas por los nobles del lugar con la doble función de residencia y punto fuerte en la defensa de sus propiedades, además de puerta de acceso a las mismas.
Está construída en dos plantas. La primera, consta de dos crujías (portales) rematados por bóvedas de crucería, de gran belleza. El primero fue la puerta de acceso al recinto fortificado y, hoy, sigue abierto al tránsito como parte de la calle. El segundo, hoy abierto por la parte interior, se encontró cerrado durante siglos y sirvió de acceso a la planta superior, además de cárcel.
La torre es de planta rectangular de 14 por 7 metros y unos 25 metros de altura.
La planta superior es una gran sala cubierta de dos bóvedas de crucería separadas por un arco fajón apuntado y dos ventanas germinadas con parteluz y tracerías góticas.
El edificio es un volumen compacto que alberga también el campanario de la Iglesia, al que se accede a través de una escalera de caracol ejecutada, como todo el conjunto, en piedra de sillería.
Es el edificio más alto de la villa de Erla.
En la segunda crujía (portal interior) se encuentra grabada una Vara Jaquesa que servía de medida para los comerciantes que, a los pies de la torre, instalaban sus puestos de venta de telas y otros artículos.
Las dos fachadas fueron restauradas en los años setenta, pero la parte inferior ha sufrido un importante deterioro en los últimos años y requiere de una intervención urgente para evitar un deterioro más serio.
También, la parte oeste de la fachada, adosada a una vivienda, requiere de una restauración importante ya que han aparecido grietas preocupantes.
martes, 1 de noviembre de 2011
DON BABIL
Don Babil Bandrés Liarte nació en Erla el 24 de enero de 1800. Su padre, un agricultor modesto que vivía de algunas tierras arrendadas de la finca de Paules,era de Erla. Su madre procedía de Tarazona.
Siguió la tradición agrícola de su padre, a la que dedicó toda su vida.
Os preguntaréis porqué saco aquí a relucir a este personaje erlano. Fue un buen agricultor pero, por encima de todo, fue un hombre con una cultura impresionante, fruto de su esfuerzo personal a lo largo de toda su vida.
Era referente cultural en el pueblo y la comarca, en cuyo territorio participó en numerosos foros culturales de la época.
Acumuló una importante biblioteca personal y numerosos escritos propios que, por desgracia, se perdieron, pero quedan en la memoria de la familia, transmitida de generación en generación.
Tampoco queda ninguna imagen de este ilustrado del siglo XIX que podamos exponer en esta página.
Sólo puedo mostraros la casa donde vivió y que, hoy, sus descendientes la han convertido, con gran esfuerzo, en casa de turismo rural.
Es la casa Don Babil, a pesar de que todos la hemos conocido como Casa Mabil ( deformación lingüística que ha llegado hasta hoy desde las últimas generaciones).
Ojalá pudiera contaros más cosas de este personaje que, seguro, fue, en Erla, un vecino querido y admirado por su afán por el conocimiento y la cultura, pero no quedan apenas referencias. Sólo queda el recuerdo de la familia que no quiere perder parte de sus raíces con la memoria de este erlano ilustre.
José Arcadio
Siguió la tradición agrícola de su padre, a la que dedicó toda su vida.
Os preguntaréis porqué saco aquí a relucir a este personaje erlano. Fue un buen agricultor pero, por encima de todo, fue un hombre con una cultura impresionante, fruto de su esfuerzo personal a lo largo de toda su vida.
Era referente cultural en el pueblo y la comarca, en cuyo territorio participó en numerosos foros culturales de la época.Acumuló una importante biblioteca personal y numerosos escritos propios que, por desgracia, se perdieron, pero quedan en la memoria de la familia, transmitida de generación en generación.
Tampoco queda ninguna imagen de este ilustrado del siglo XIX que podamos exponer en esta página.
Sólo puedo mostraros la casa donde vivió y que, hoy, sus descendientes la han convertido, con gran esfuerzo, en casa de turismo rural.
Es la casa Don Babil, a pesar de que todos la hemos conocido como Casa Mabil ( deformación lingüística que ha llegado hasta hoy desde las últimas generaciones).
Ojalá pudiera contaros más cosas de este personaje que, seguro, fue, en Erla, un vecino querido y admirado por su afán por el conocimiento y la cultura, pero no quedan apenas referencias. Sólo queda el recuerdo de la familia que no quiere perder parte de sus raíces con la memoria de este erlano ilustre.
José Arcadio
lunes, 31 de octubre de 2011
EL CEMENTERIO
Todo el contorno lo forman los primeros nichos que se construyeron, alternando con panteones familiares.
Ya en medio del recinto, se han ido levantando, en los últimos años, varias fases de nichos nuevos, que son los que hoy se utilizan para los enterramientos.
No faltan, salpicados a discrección, los "enhiestos surtidores de sombra y sueños", como los calificó el poeta en el fervor de Silos.
Al fondo, recientemente restauradas, se encuentran la Capilla y la sala de autopsias.
Entrando, a la izquierda, se ha construído un columbario, que viene a atender las necesidades de los que hoy, cada vez más, optan por la incineración de los restos.
Respetemos y cuidemos nuestro cementerio y que, los que ya lo habitan, descansen en paz.
José Arcadio.
domingo, 23 de octubre de 2011
LOS GITANOS
Eran familias nómadas que recorrían la geografía aragonesa y española, cargados de niños y sobreviviendo como podían dedicándose a lo que sabían hacer.
Había cesteros, estañadores, paragüeros, tratantes de caballerías. Normalmente, eran gente honrada, excluída por la sociedad que los reprimía, a menudo, a través de la Guardia Civil de entonces.
Recuerdo que, en los años 60 venían, muchas veces , el Chato y la Martina. Eran gente seria. arreglaban pucheros, calderos , paraguas y otros objetos. También hacían algún capazo, espuerta o roscadero y así lograban, a duras penas, mantenerse.
Alguna vez veíamos venir, por la carretera de Ejea, una caravana tirada por mulas. Eran los gitanos que venían con más frecuencia y se solían quedar largas temporadas. Se dedicaban a la cestería. Tenían cuatro o cinco hijos y se alojaban en la cochera de Pepe El Tendero, frente al actual Casino, sin agua ni luz y al calor de una hoguera en el suelo.
Recuerdo los nombres de algunos de los niños (Julián, Moisés y Antonieta). Durante el tiempo que estaban en Erla iban a la escuela, donde llegaban a convivir con nosotros con total normalidad, a pesar de sus ropas características y su falta de higiene.
Eran verdaderos artesanos del mimbre y de la caña que daban un buen servicio a los agricultores de entonces, necesitados de utensilios para la vendimia y otras tareas del campo.
Casi nunca se les reconocía realmente su valor como un eslabón en la sociedad rural de entonces, pero formaron parte de la historia y de la actividad económica de este pueblo y de otros muchos.
Me recuerdan a Melquíades, que acudía a Macondo , a menudo, con sus raros artilugios e inventos que sacaban de quicio a Úrsula.
No podíais faltar en este blog.
José Arcadio.
domingo, 16 de octubre de 2011
LOS BARES DE ANTAÑO
He oído hablar del bar de la Maravillas, que no lo conocí, pero debío
de estar por el Charco y bastante frecuentado en los años 50 y 60.
El primero del que tengo recuerdos es de El Volante, un bar grande, en la calle Abadía, donde mi abuelo solía ir a echar la partida , a tomar el café y a fumarse un cuartelero con los amigos.
El Paraíso era un bar que estaba en lo que hoy es el Ayuntamiento y, los domingos, después de salir de Misa se abarrotaba de gente a tomar el vermouth. Por cierto, había una gran cantidad de tapas y banderillas de gran calidad. Este bar,con el mismo nombre, al cabo de unos años, se trasladó al otro lado del portal.
En la calle Agustín Ungría, ya cerca del Plegadero, estaba el Casino. Desde tiempos de la República, fue Danubio Azul, con sala de baile y grandes atracciones musicales.
Más tarde, en los años 70, el Casino se fue un poco más arriba, a casa de La Sra. Piedad. El bar estaba arriba y el salón de baile en la planta baja.En verano, nos hacía helados caseros por una peseta.
En la carretera, se abrió el bar Las Palmeras, y en la Plaza del Auto, el Bar Plaza. Estos, pronto destacaron porque acapararon a toda la juventud y tenían música permantente con las sinfonolas.
Los domingos, la mayoría de los niños teníamos apenas dos o tres pesetas para gastar. El primer desembolso lo hacíamos en casa Conrado, tienda bien surtida de golosinas y otras exquisiteces de entonces, igual que casa Abel.
Con otra peseta, solíamos ir al Volante a tomarnos un vaso de gaseosa para poder ver alguna serie de televisión de las que había entonces, como Daniel Boon, Trampas, etc. Alargábamos el vaso de gaseosa todo lo que podíamos para acabar de ver la serie sin que nos echaran. El resto de la tarde, ya lo pasabas como furtivo donde se podía.
En las Palmeras, podías entrar, hasta que José salía dando palmas para echar a los que no consumíamos nada. Ya, más adelante, siendo casi adolescentes y con un poco más de poder adquisitivo, podíamos acceder a la sala de la sinfonola, donde pasábamos tardes inolvidables y donde descubrimos la música de entonces.
El bar Plaza era un bar de trasnochar un poco más, sobretodo entre semana, donde había buen ambiente y buenas partidas.
El último bar que se hizo fue el Casino que actualmente conocemos,bien equipado y que, en sus años buenos, era sede de largas veladas .
Lógicamente, con la despoblación los bares se fueron cerrando; hoy, con la crisis,las prohibiciones de fumar y beber si conduces, los bares que quedan, subsisten a duras penas.
Fueron años buenos. Nos quedan dos y, un poco más lejos, La perla.
Anima mucho y acapara casi toda la actividad, en verano, el bar de las Piscinas.
Seguro que todos hemos pasado buenos ratos en cada uno de ellos.
Sí conocéis alguno más, anterior a mi memoria, os agradecería que lo describieseis en los comentarios.
Salud.
José Arcadio.
de estar por el Charco y bastante frecuentado en los años 50 y 60.
El primero del que tengo recuerdos es de El Volante, un bar grande, en la calle Abadía, donde mi abuelo solía ir a echar la partida , a tomar el café y a fumarse un cuartelero con los amigos.
El Paraíso era un bar que estaba en lo que hoy es el Ayuntamiento y, los domingos, después de salir de Misa se abarrotaba de gente a tomar el vermouth. Por cierto, había una gran cantidad de tapas y banderillas de gran calidad. Este bar,con el mismo nombre, al cabo de unos años, se trasladó al otro lado del portal.
En la calle Agustín Ungría, ya cerca del Plegadero, estaba el Casino. Desde tiempos de la República, fue Danubio Azul, con sala de baile y grandes atracciones musicales.
Más tarde, en los años 70, el Casino se fue un poco más arriba, a casa de La Sra. Piedad. El bar estaba arriba y el salón de baile en la planta baja.En verano, nos hacía helados caseros por una peseta.
En la carretera, se abrió el bar Las Palmeras, y en la Plaza del Auto, el Bar Plaza. Estos, pronto destacaron porque acapararon a toda la juventud y tenían música permantente con las sinfonolas.
Los domingos, la mayoría de los niños teníamos apenas dos o tres pesetas para gastar. El primer desembolso lo hacíamos en casa Conrado, tienda bien surtida de golosinas y otras exquisiteces de entonces, igual que casa Abel.
Con otra peseta, solíamos ir al Volante a tomarnos un vaso de gaseosa para poder ver alguna serie de televisión de las que había entonces, como Daniel Boon, Trampas, etc. Alargábamos el vaso de gaseosa todo lo que podíamos para acabar de ver la serie sin que nos echaran. El resto de la tarde, ya lo pasabas como furtivo donde se podía.
En las Palmeras, podías entrar, hasta que José salía dando palmas para echar a los que no consumíamos nada. Ya, más adelante, siendo casi adolescentes y con un poco más de poder adquisitivo, podíamos acceder a la sala de la sinfonola, donde pasábamos tardes inolvidables y donde descubrimos la música de entonces.
El bar Plaza era un bar de trasnochar un poco más, sobretodo entre semana, donde había buen ambiente y buenas partidas.
El último bar que se hizo fue el Casino que actualmente conocemos,bien equipado y que, en sus años buenos, era sede de largas veladas .
Lógicamente, con la despoblación los bares se fueron cerrando; hoy, con la crisis,las prohibiciones de fumar y beber si conduces, los bares que quedan, subsisten a duras penas.
Fueron años buenos. Nos quedan dos y, un poco más lejos, La perla.
Anima mucho y acapara casi toda la actividad, en verano, el bar de las Piscinas.
Seguro que todos hemos pasado buenos ratos en cada uno de ellos.
Sí conocéis alguno más, anterior a mi memoria, os agradecería que lo describieseis en los comentarios.
Salud.
José Arcadio.
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